18 de febrero de 2009
Años impares
Escrito por Margarita
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Me gustan los años impares. Quizás porque tienen menos rotundidez y plenitud que los pares y por eso mismo, porque parecen incompletos, a mí me gusta pensar que son años en lo que todo está por hacer, todo por llegar, que vienen cargados de esperanza. Me explico. El paso del tiempo no lo siento de la misma manera en un año par que en otro impar. Me acuerdo con nitidez del día que cumplí mis 10 años y la certeza que tuve de que la edad de la inocencia se había quedado atrás. Cumplí 20 y me abrumó la responsabilidad de que no podía defraudar a los que tanto habían apostado por mí. Llegaron los 30 y nuestras vidas se encauzaban a la vez que ya no entrábamos en planes jóvenes y sí en futuros de hijos e hipotecas. Vinieron los 40, los 50 y quise pensar que eran la juventud de la edad madura, como dijera Víctor Hugo. Los 60 y el horizonte incierto de jubilaciones, pensiones y ¡ay¡ enfermedades. 70, 80, 90 con mucha suerte, quién quiere hablar de tercera, cuarta o incluso quinta edad. No es que todos estos temas, y otros, no me asalten en los años impares pero es la redondez del cero la que me hace sentir de manera más aguda la conclusión, el cambio de etapa, el tu hora ya pasó. La inclusión de una simple “y” en el siguiente número me hace sentirme esperanzada de que todavía hay tiempo.
Por eso este impar 2009 que recién estrenamos quiero que sea especialmente cargado de promesas, de proyectos, de sueños cumplidos que veamos. Y empiezo con uno de los más sangrantes, ese que nos tiene con el corazón encogido, desde Navidades: el conflicto palestino, Gaza bombardeada, niños, escuelas, hospitales, convoys de ayuda humanitaria, todo por los aires, muerte y desolación que hacen que se me pudra hasta el cariño; Irak, Afganistán, Líbano enfrentándose a los ejércitos mas poderoso del mundo; Chechenia en su pelea olvidada frente al gigante ruso que juega con la llave del gas; la agonía del continente africano; las esperanzas puestas en Venezuela, Brasil, Cuba o Bolivia; la mirada a Europa para que al fin despierte; nuestra Euskal Herria en un conflicto que dura demasiado; nuestro pobre planeta que sigue siendo maravilloso pese a que nos empeñemos en destruirlo. Año impar para soñar que todo esto y más, pues soñar nos cuesta tan poco, sea realidad en un orondo y preñado año 2010.
Por eso este impar 2009 que recién estrenamos quiero que sea especialmente cargado de promesas, de proyectos, de sueños cumplidos que veamos. Y empiezo con uno de los más sangrantes, ese que nos tiene con el corazón encogido, desde Navidades: el conflicto palestino, Gaza bombardeada, niños, escuelas, hospitales, convoys de ayuda humanitaria, todo por los aires, muerte y desolación que hacen que se me pudra hasta el cariño; Irak, Afganistán, Líbano enfrentándose a los ejércitos mas poderoso del mundo; Chechenia en su pelea olvidada frente al gigante ruso que juega con la llave del gas; la agonía del continente africano; las esperanzas puestas en Venezuela, Brasil, Cuba o Bolivia; la mirada a Europa para que al fin despierte; nuestra Euskal Herria en un conflicto que dura demasiado; nuestro pobre planeta que sigue siendo maravilloso pese a que nos empeñemos en destruirlo. Año impar para soñar que todo esto y más, pues soñar nos cuesta tan poco, sea realidad en un orondo y preñado año 2010.
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